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Un sistema aumenta las posibilidades de manejar una silla de ruedas

15/05/2015 | Agencia de Noticias DiCYT

Un proyecto de la Universidad de Salamanca permite que las sillas de ruedas se puedan controlar por voz, dispositivos móviles o con un casco que interpreta los pensamientos para aumentar la autonomía de personas con distintas discapacidades

José Pichel Andrés/DICYT El grupo de investigación BISITE de la Universidad de Salamanca ha desarrollado un sistema que se adapta a todas las sillas de ruedas motorizadas del mercado y que permite que personas con discapacidades muy diferentes puedan controlar por sí mismas movimientos que no serían capaces de realizar en sillas convencionales. De esta forma, ganan independencia y permiten que cuidadores o familiares tengan una importante descarga de trabajo y la posibilidad de monitorizar a distancia sus desplazamientos.

 

“Las sillas convencionales con motor tienen un mando que requiere un esfuerzo físico que no todos los usuarios pueden realizar, por ejemplo, los que no pueden mover las extremidades superiores o lo hacen con dificultad”, explica a DiCYT Gabriel Villarrubia, uno de los responsables del proyecto. Sin embargo, con los dispositivos que este grupo de investigación ha diseñado y que se pueden acoplar a cualquier modelo de silla las formas de controlar los movimientos se multiplican. La persona que va en la silla puede dirigirla con la voz o poniéndose un casco que interpreta sus gestos y pensamientos, mientras que un familiar o cuidador también puede manejar la silla desde interfaces externas, como un móvil, una tableta o un ordenador.

 

El proyecto, en el que también participan los investigadores Juan Francisco de Paz, Daniel Hernández y Alberto López, resulta tan prometedor que se llevó un premio en el I Concurso Transfronterizo de Prototipos Orientados al Mercado, Prototransfer, una actividad que se desarrolla en el marco del proyecto internacional INESPO II. Una de sus ventajas es su bajo coste, ya que los componentes electrónicos básicos que ha desarrollado el equipo y que se conectan por bluetooth podrían rondar los 150 euros. “Es una pieza integrable y barata que se conecta a las baterías de las sillas convencionales y cuya instalación es muy sencilla”, comentan.

 

El control de voz está pensado para quienes no pueden realizar movimientos físicos. “Tiene comandos para los desplazamientos, como avanzar, retroceder o girar, pero además permite tener conversaciones con la silla, de manera que se pueden consultar las noticias o la meteorología, ordenar que se iluminen las luces que hemos incorporado al sistema o mandar una señal de emergencia a la policía”, apunta Gabriel Villarrubia.

 

La silla también se puede manejar a través de un móvil no sólo por parte de la persona que la ocupa sino también por un acompañante. Basta con inclinar el teléfono hacia un lado o hacia otro para indicar el desplazamiento que se desea realizar. La tableta es otra opción, con la que solo sería necesario deslizar la mano por la pantalla en el sentido del movimiento. Además, todas estas posibilidades son personalizables, es decir, “el tipo de movimientos o la velocidad se pueden adaptar a las necesidades de cada persona”.

 

Casco

 

No obstante, el tipo de control más innovador es el que ofrece el casco, que permite detectar cualquier estímulo físico, como desplazar la lengua hacia un lado, apretar los dientes, pestañear, abrir la boca o realizar una mueca. Los investigadores le pueden dar una interpretación concreta a cada uno de estos movimientos para que la silla se desplace o active alguna de sus funciones. Como el resto de los componentes del sistema, también funciona por bluetooth.

 

Se trata de un innovador casco que generalmente sólo se vende a universidades o centros de investigación para proyectos de I+D y que muchos científicos están utilizando para estudios relacionados con la psicología o la comunicación, como los patrones de conducción o cuántas veces se ríe una persona al ver una película.

 

Sin embargo, no sólo detecta movimientos físicos. A través de sus 16 electrodos registra la actividad eléctrica del cerebro. “Al hacer un cálculo matemático, pensar en una situación que nos produce alegría o en otra que nos provoca miedo, los sensores que se activan son diferentes y eso lo estamos comprobando empíricamente”, aseguran los responsables del proyecto. A partir de ahí, se puede entrenar a la persona para que cada vez que quiera desplazarse hacia un lado se concentre en un determinado tipo de pensamiento. “Con un periodo de entrenamiento de unos 30 minutos se consiguen hasta cuatro movimientos”, afirman.

 

Sensores

 

Aunque los desplazamientos del usuario no sean perfectos, el sistema incorpora a las sillas sensores de obstáculos, de manera que se evitan choques y otro tipo de percances. Por ejemplo, si se acerca a unas escaleras, el sensor es capaz de detectar que hay demasiada distancia entre la silla y el suelo e impide que continúe la trayectoria.

 

Por otra parte, el sistema también incorpora cámaras que en un momento dado podrían permitir tomar el control remoto de la silla por internet. “Si una persona sale y tiene algún problema, un familiar puede conectarse a distancia y ponerse unas gafas que le permiten ver la situación como si estuviera montado en la silla y ordenar los desplazamientos adecuados”, comenta Gabriel Villarrubia. Esta función también es útil como entrenamiento previo para cualquier usuario de la silla.

 

Además, el sistema se puede conectar con OpenStreetMap, un proyecto para editar mapas libres que incluye entre sus datos los pasos de peatones adaptados a las sillas de ruedas, de manera que se pueden configurar rutas que incluyen los lugares más adecuados por los que transitar. Asimismo, el sistema estima la autonomía de los desplazamientos en función de la carga de la batería, es decir, “le dice al usuario hasta dónde puede llegar y lo dibuja en un mapa”.

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